Entrevistas

Carlos Sadness

La silueta delgadísima y la larga melena de Carlos Sadness se perfilarán sobre el escenario del hotel Santos el próximo 15 de agosto. El barcelonés se reencontrará con el público ibicenco después de haberse convertido en una estrella en Latinoamérica. El pop susurrado de Sadness ha calado hondo en el público de países como México (donde se ha permitido el lujo de hacerse un selfie con su banda y con las tres mil localidades del Teatro Metropólitan del DF ocupadas por un público entregado), Ecuador o Colombia y le ha permitido abrirse paso en la escena independiente española. El catalán, además de cantar y componer, es ilustrador, faceta que aprovecha para darle a sus discos una estética especial, como un niño que crece resistiéndose a dejar de imaginar mundos idílicos. De hecho, ha explicado en más de una ocasión que él, de pequeño, quería ser pintor. Su último disco se titula Diferentes tipos de luz, el material intangible del que se alimenta la pintura y, precisamente, le ha valido a su autor un Grammy Latino a mejor diseño. El asunto es que la magia de hacer canciones se cruzó en su camino. Y él, que ha reconocido que no está dotado para ser la mejor de las voces masculinas, decidió fusionar sus pasiones porque, si algo le llena, es entregarse a descifrar los procesos creativos del arte.

El optimismo pop con bases electrónicas de Sadness hará vibrar al público de Dorado Live Shows con canciones como Te quiero un poco, Física moderna o Qué electricidad. Su estilo es único en su especie. Hace unos meses, el artista lo explicaba así en una entrevista con Esquire: “Tengo la sensación de que, como mi propuesta musical es un poco especial y diferente, nadie percibe que compito directamente con ellos y eso te hace estar más relajado con todo el mundo. No tengo complejo con colaborar con gente que no tenga nada que ver conmigo, me parece divertido”. Y, de paso, aprovechaba para quitarse sambenitos. Los singles pueden fogonazos de buen rollo, pero donde hay luz, también hay sombras: “Mis singles son animados y divertidos, pero si te vas al disco hay cosas más oscuras, más rock… Lo que pasa es que llaman mucho la atención una serie de canciones positivas, quizá porque son las que al final la gente hace famosas. Tú sales con unas canciones y es la gente la que potencia unas más y otras menos. Y yo tampoco las veo tan felices, si te digo la verdad. Hay una parte divertida, también un poco de ironía o incluso de nostalgia…”

Hace unos años, Carlos Sadness trabajó como publicista. Conoce los entresijos del marketing artístico y le gusta conectar de forma original con su público. Hace unos meses les propuso comprarse un billete para viajar a su Isla Morenita a su público madrileño. Siete mil personas respondieron, se embarcaron en un vuelo de Papaya Airlines y aterrizaron en el WiZink Center, convertido en la ocasión en un destino tropical. En unos meses y en otra isla –Ibiza–, Sadness cantará lo mejor de sus tres discos publicados hasta la fecha en un ambiente más íntimo que el vivido en el Palacio de los Deportes de Madrid, donde ha ofrecido su concierto en solitario más importante en suelo español. Una oportunidad fantástica para dejarse guiar por los mundos de fantasía que propone este artista multidisciplinar, que no tiene miedo de versionar clásicos de Los Rodríguez y que cuando viaja durante las giras mezcla dibujos y fotografías en un cuaderno convertido en collage y bitácora al mismo tiempo.